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Fast & Furious 5 Critica

Fast & Furious 5 Critica

Quién iba a decir que lo que empezó siendo una especie de versión bastarda y más macarra de ‘Point Break’ (aka ‘Le llaman Bodhi’) se iba a convertir una de las sagas de acción más longevas y taquilleras de los últimos tiempos.

Y es que ‘A todo gas’ ha llegado ya a la quinta entrega, con 'Fast & Furiious 5',  cosa poco habitual para un género que vive sus horas más bajas (sobre todo cuando no hay superpoderes de por medio).

Por el camino, la franquicia ha ido perdiendo y ganando protagonistas.

De vehículo para lucimiento de un emergente ‘actionman’ como Vin Diesel, que rehusó - al igual que con ‘Triple X’ - repetir en la primera secuela, ha pasado a ser la gallina de los huevos de oro (o una de ellas) de la Universal.

Y también del rubiales de Paul Walker, que a excepción de la tercera (la peor y la menos rentable), ha aparecido en todas, identificándose ya como el actor fetiche (aunque no el preferido) de la misma (y tampoco es que fuera de ella haya hecho gran cosa, salvando la estimable ‘La prueba del crimen’).

Si para remontar la saga con una cuarta volvieron a traer de vuelta a todos los protagonistas de la película original (Walker, Diesel y las dos chicas, Michelle Rodriguez y Jordana Brewster), para esta ocasión vuelven éstos y todos los que han podido reunir de sus predecesoras.

Además, esta vez no se han andado con chiquitas y han fichado a un rival a la altura de Toretto; a otro saco de músculos que pueda batirse en duelo, de igual a igual, con Diesel. Y el elegido no ha sido otro que Dwayne Johnson, otro héroe de acción de nueva hornada, y que necesita urgentemente un buen taquillazo (esperemos que ésta se lo dé).

Desde que Brian (Paul Walker) y Mia (Jordana Brewster) consiguieron sacar a Dom (Vin Diesel) de la cárcel, han tenido que cruzar muchas fronteras para eludir a la policía. Ahora, sin embargo, se encuentran atrapados en Río y no les queda otra opción que dar un último golpe si quieren recuperar la libertad.

¿De qué se trata?, pues de reunir a un equipo de élite formado por viejos amigos para orquestar un robo imposible por valor de cien millones de dólares. ¿Y quién es la víctima?, un corrupto y poderoso empresario (Joaquim De Almeida) que quiere verlos muertos.

Si ya el robo es, de por sí, bastante complicado, hay que añadirle también el problema de que anda tras ellos Luke Hobbs (Dwayne Johnson), un frío y duro agente a quién le encargan la misión de capturar a Dom y a Brian.

Difícilmente alguien acuda a la quinta parte de una saga sin, como mínimo, conocer las anteriores entregas.

Asumiendo esto, uno sabe perfectamente lo que se va encontrar en ‘Fast & Furious 5′ y qué es lo que puede esperar de ella. Aquí no hay trampa ni cartón, y si alguien tienes dudas, el tráiler lo deja bien clarito: película palomitera con muchos tiros y explosiones, mucho machote y mucho coche a toda pastilla.

Cabe decir, no obstante, que con su predecesora hubo, en mi opinión, un ligero salto cualitativo que elevó un poquito el nivel respecto a las anteriores (cosa, por otra parte, nada difícil). Y se puede decir que esta vez lo han vuelto a conseguir (¿será porque Diesel está ejerciendo de productor?).

Eso sí, aquellos que se engancharon a la serie por las luces de neón, las llantas mastodónticas y los guardabarros imposibles, puede que queden decepcionados, porque aquí cada vez hay menos tunning.

En cambio, a los que sólo busquen un par de horas de diversión en las que devorar un buen bol de palomitas, debo decirles que están de enhorabuena, porque ‘Fast & Furious 5‘ cumple con su propósito, ni más ni menos. Y voy más lejos aún si afirmo que es, con diferencia, la mejor de la saga.

La dirección recae nuevamente en Justin Lin, que cogió los mandos de la franquicia en la tercera y desde entonces no ha vuelto a soltarlos. Y debo resaltar que si bien no empezó con muy bien pie, la cosa ha ido mejorando sustancialmente, e incluso Lin ha ido madurando y depurando su forma de dirigir.

La cinta empieza allí donde acaba la anterior, es decir, con Brian y Mia yendo al rescate de Dom e interfiriendo el furgón policial que lo lleva a prisión.

Así pues, repetimos la jugada de aquella abriendo ya con una secuencia de acción automovilística, aunque muchísimo más breve que la de su predecesora, pues no es más que un modo de conectar ambas películas, y un pequeño anticipo de lo que va a venir luego.

El grupito vuelve a reencontrase, y dado que andan algo escasos de pasta, deciden volver a las andadas y aceptar un nuevo encargo.

El trabajo, sin embargo, no sale como era de esperar, y eso les pondrá en el punto de mira del mafioso Reyes (De Almeida) y del agente Hobbs (Johnson). Y ninguno cesará en su empeño de darles caza.

Encontrándose en semejante encrucijada, la única forma de librarse de ambos es dando el golpe de sus vidas. Y para ello hay que reunir a un equipo de lujo.

La película sigue haciendo honor a su título (rápido y furioso), y es que cuando los protagonistas se suben al volante de algún bólido se convierten en auténticas fieras sobre ruedas y son capaces de sembrar el caos allí por donde circulan.

Prueba de ello es la espectacular y destructiva persecución final por las calles de la ciudad. Todo lo que se encuentra a su alrededor (coches, árboles, farolas, transeúntes…) corre el peligro de acabar hecho trizas (una enorme y resistente caja fuerte tiene la culpa).

En ese aspecto, es importante resaltar que la dirección Lin es mucho más pulida, por lo que podemos hablar de secuencias de acción no solamente trepidantes sino también excelentemente orquestadas y ejecutadas (sin mareos excesivos).

Es de agradecer también que el uso del retoque digital en ellas sea el justo y necesario.

Sabemos que no son los propios actores los que se juegan el pellejo (o no todo el tiempo), pero sí que hay unos tipos de carne y hueso (los especialistas) que asumen el riesgo de dichas escenas, y eso le da un plus de credibilidad -e implicación por parte del espectador- que no suele conseguir un monigote digital, por bien hecho que esté. Amén de que los coches, las explosiones y gran parte del destrozo son reales, y por tanto la pirotecnia se siente más viva que nunca.

A la exultante adrenalina de estas secuencias (mención especial al currado asalto al tren cual banda de forajidos del salvaje oeste) hay que sumar la testosterona que desprende por los cuatro costados.

Buena parte de la misma proporcionada por esas dos bestias pardas que son Vin Diesel y Dwayne Johnson. Uno de los alicientes de la cinta era el cara a cara entre estos dos, y vale decir que éste cumple con las expectativas.

Primero nos van poniendo la miel en los labios con el jueguecito del gato (poli) que quiere atrapar al ratón (ladrón), para luego darnos lo que estábamos esperando: una pelea a mamporrazo limpio. Puede que no sea ‘la gran pelea’, pero las fuerzas están igualadas y las hostias que se dan no son pocas.

Lo que ocurre luego (SPOILER— la forzosa alianza para acabar con el malo de la función — FIN SPOILER) ya se veía a venir desde una hora lejos (incluso desde que se conoció la sinopsis).

De hecho, la trama, además de simple (tampoco necesita mucho más), es también previsible. Y los golpes de efecto o sorpresas no lo son tanto, más cuando uno ya se conoce el género como la palma de su mano.

Lo que en la cuarta iba más encaminado hacia la vertiente del thriller policial, aquí se trata simplemente de la típica historia de robo imposible a lo Italian Job (por poner un ejemplo con coches de por medio).

Así que los pasos son siempre los mismos: 1) Reclutar al equipo; 2) Estudiar el terreno y desarrollar el plan; y 3) Ejecutar dicho plan según lo convenido (cosa que nunca ocurre, claro).

Además de generosas y espectaculares dosis de acción (persecución a pie por las favelas de Río, incluida), también tenemos un  poco de humor, que siempre viene bien dejar algo de margen para soltar alguna broma, algún chascarrillo o la vacilada de turno.

Quizás lo malo es que esa cuota de humor está algo recargada. Con Tyrese Gibson y Ludacris por ahí sueltos, tenemos más que suficiente, así que el ‘duo sacapuntas’ formado por los reggetoneros Tego Calderón y Don Omar está de más (aparte de que hacen poca gracia, a veces ni se entiende lo que hablan).

Las mozas siguen teniendo un papel secundario frente al reparto masculino, aunque Brewster gana algo de protagonismo respecto a la cuarta.

La que está ahí para lucir palmito es -la escuálida -Gal Gadot,  mientras que nuestra Elsa Pataky (la más buenorra de todas, y no lo digo porque sea española) se pasa la mayor parte del tiempo en uniforme y con cara de circunstancia (se nota que la chica se esfuerza incluso para un papel menor como éste, pero de donde no hay, no se puede sacar).

Otras ‘bellezas’ que se dejan ver en pantalla son un Chevrolet Corvette  y un Ford Galaxie del 63, y un Ford GT 40. Una gozada para los amantes de los clásicos.

En definitiva… disfrutable cinta de acción al más puro estilo de los 90. Frenética, cañera y condenadamente entretenida. Recomendada tanto si eres fan de la saga como si no lo eres.

P.D.: No os marchéis de la sala nada más aparecer los créditos finales porque hay escena de regalo que ya nos dice por dónde van a ir los tiros en la sexta entrega. Sí, habrá sexta (siempre y cuando la taquilla responda bien).

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Comentarios Sobre La Critica De Fast & Furious 5

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