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Soy El Numero Cuatro Critica

Soy El Numero Cuatro Critica

Acción y reacción: Tercera Ley de Newton. Aplicada al mundo del celuloide podemos afirmar que una película puede ser buena, regular o mala; aceptamos cualquier cosa con un mínimo de capacidad para hacernos reaccionar de alguna manera. Sin embargo, al igual que la televisión nunca puede dejar de emitir aunque sea una simple imagen de 'Perdonen las molestias', en lo que nunca puede incurrir una película es en la indiferencia. Pues bien, 'Soy el número cuatro' cae en la más absoluta de las indiferencias y no sólo porque sea más bien mala, que aunque tal vez no lo sea del todo como si lo fuera, sino porque no es más que una de esas producciones nacidas con una intención comercial tan clara, evidente y descarada como tan hueca, artificial y vacía resulta a cualquier otro nivel, no digamos ya desde un punto de vista artístico, y en las que tanto monta que monta tanto que para el caso viene a ser lo mismo.

Inspirada en el libro homónimo de Pittacus Lore, seudónimo de James Frey y Jobie Hughes, y que para la ocasión ha sido desprovisto de cualquier elemento que pueda suscitar que su pretendido espectador medio tenga que hacer uso de alguna de sus incipientes capacidades o inquietudes intelectuales, 'Soy el número cuatro' pretendía ser la primera de una nueva franquicia cinematográfica que siguiera los pasos de una saga tan rentable como la de 'Crepúsculo' valiéndose de la inspiración servida en bandeja de plata de producciones como 'Smallville'. Pretendía. Porque se podrían decir muchas cosas de 'Crepúsculo', buenas y peores, pero el caso es que se pueden decir y, por qué no, apetece decirlas. De 'Soy el número cuatro' más bien poco, pues es una producción tan insípida que escribir sobre ella, aunque sea para mal, causa la misma desidia con la que se soporta su metraje.

A raíz de la desaparición de su planeta a manos de los Mogadorianos, unos extraterrestres tatuados de más de dos metros de altura cuya presencia no le causa ni la más mínima curiosidad a cuantos humanos se cruzan con ellos, nueve jóvenes alienígenas apuestos y de muy buen ver son enviados a la Tierra con la intención de salvaguardar el futuro de su raza. Sin embargo los Mogadorianos, que son muy malos, torpes cuando procede y les odian con las suficientes ganas como para hacer de este odio su única razón para vivir, les persiguen hasta nuestro planeta para ir cazándolos uno a uno y por orden, pues así es como debe de ser. Tras el asesinato del "número tres", cosa que literalmente siente en sus propias carnes, quien se oculta bajo el nombre más común que existe en Estados Unidos y que da lugar al único chiste de la película, John Smith, alias "el número cuatro", se ve obligado a trasladar su residencia de nuevo refugiándose en un pueblecito en mitad de la nada junto a su protector y el único del reparto que hace algo más que posar, Timothy Olyphant. Pero las hormonas son lo que son y en un sólo día de clase, por aquello de que ocultarse es muy aburrido aunque esté en juego la existencia de tu raza, Smith no puede evitar enamorarse de la chica más mona del cole, enemistarse ya de paso con el principal gamberro de la escuela que, mira tú por donde, resulta que es el ex novio de la chica más mona del cole e hijo del sheriff, y por último y ya que se pone hacerse amigo del friqui del instituto que, cómo no, es siempre puesto en ridículo por el gamberro de la escuela y tiene una afición particular que viene muy al caso, los extraterrestres... lo dicho, un pueblo muuuuuy pequeño.

No tengo muy claro que se puede decir que merezca verdaderamente la pena de 'Soy el número cuatro', una insustancial producción del montón sin oficio ni beneficio alguno. Porque aunque disfrute despellejando una mala película, verdadera pasión nada oculta de los que se hacen (o nos hacen llamar) críticos, como ya he dicho en la introducción la nueva película de D.J. Caruso, quien con 'Disturbia' o 'La conspiración del pánico' estuvo mucho más afortunado, cae de pleno en la insustancialidad más absoluta. Porque si bien se puede exponer el argumento de tal manera que parece podría tener su aquel, y eso que me he guardado alguna que otra cosa cómo por ejemplo cuál es la excusa para que Teresa Palmer luzca su (agradecido) palmito, su desarrollo es tan simple, plano, convencional y previsible que aburre hasta a los pensamientos más negativos haciendo que el simple hecho de escribir una reseña sobre ella resulte agotador por la falta de un simple apoyo que pueda sustentar la idea. Porque no sólo es su fácil y evidente desarrollo ni sus diálogos que por momentos caen en el ridículo (la escena de la Feria), ni los diversos elementos que configuran su entramado y que parecen extraídos directamente de otras tantas producciones del estilo, sino también la adopción de una serie de vicios empleados de manera harto artificiosa, superflua, manipuladora y sin ningún valor verdaderamente dramático: planos de los personajes andando mientras el fondo explota, el empleo de la cámara lenta como vano intento de proyectar algo de tensión sobre el celuloide, la selección musical más propia de los 40 Principales de que de una sala de cine o la forzada configuración de alguna escena (o diálogo) para conducir el relato de un punto a otro de la forma más simple y rápida posible. Lo dicho, 'Soy el número cuatro' no es que sea un desastre, es que se la ve tanto la intención que su propia nadería queda al descubierto a los cinco minutos.

Tan sólo las escenas de acción, las cuales se concentran en su mayoría durante su tercio final, aun sin ser nada del otro mundo pero visualizadas con cierta energía y unos efectos especiales decentes consiguen animar algo una función bastante rancia en la que cabe salvar, al menos, la presencia secundaria de Timothy Olyphant, quien aporta algo de sentido a los fotogramas en los que se deja ver, y de Teresa Palmer, quien se hace evidente disfruta lo suficiente dejando que la cámara la retrate como si fuera una versión joven de la Lara Croft de Angelina Jolie, por lo que a diferencia de su pareja protagonista al menos ni se molesta en intentar defender seriamente la caricatura que representa su personaje. Todo lo demás resulta un tanto torpe, huele a déjà vu a kilómetros de distancia y apenas si alcanza como para hacer que lo ajustado de su duración no parezcan ciento y un pico largo de minutos. 'Soy el número cuatro' no sólo es un producto de lo más simple y descarado, sino que además es un proyecto fallido y que dista mucho de dar forma a las de por sí escasas intenciones de una película que parece que nunca pretendió ser nada más que eso mismo, nada, y que le hacen desear a uno no tener más de 13 años para como en aquel entonces dejarse llevar sin plantearse si lo que está viendo tiene algún sentido más allá de cualquier otra consideración que, dicho sin acritud alguna, surge una vez nos empieza a crecer el pelo en los huevos.

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